La salida se hace a motor. Si estás siguiendo al marinero que ha tomado la ruta de la tierra, te diriges hacia la majestuosa cima roja de la isla. Ghibli Hybrid está en camino hacia la cima del acantilado. De momento, el motor con 330 caballos de potencia se mueve como un suspiro por las calles situadas encima del puerto: las casas se convierten en árboles, las personas se tornan ovejas y cabras, las señales y los carteles dan paso al sol.

Si, por otro lado, tomas el camino del mar —recuerda que todo sucede al mismo tiempo, con las mismas perspectivas tecnológicas— el motor del trimarán Maserati Multi 70, indudablemente más ruidoso, te lleva a una velocidad de cinco nudos (observa el faro verde a la izquierda y sumérgete en los detalles del mar) para posteriormente cruzar la bahía buscando el mejor viento.

Mientras tanto, al tiempo que todo en la cabina —de la tapicería de cuero natural y el volante de cuero y madera al conjunto de pedales de acero— roza de manera constante el asfalto siguiendo la carretera, la pantalla del cuadro de instrumentos muestra los resultados de la acción combinada del motor de 4 cilindros y el alternador de 48V: en cada curva, en cada deceleración o frenada, la energía potencial es absorbida por el coche para, un momento después, liberarla con una aceleración. Es un sistema complejo e integrado de intercambios: como la naturaleza, como nuestro viaje. De hecho, dentro del coche no se perciben desequilibrios ni golpes (el convertidor CC y la batería de 48V están ubicados en la parte posterior para distribuir el peso): la interconexión de los sistemas es energía en sí misma.

Por su parte, en el trimarán, cuando pasa la bahía, el marinero apaga el motor mientras la tripulación comienza a preparar las velas. Primero la vela mayor se iza en el mástil, después el foque concede al barco una forma absoluta y perfecta. La tripulación se mueve alrededor del molinillo con fuerza, sincronizados, el viento sopla y aumentan los nudos.