En el mar o en tierra firme, la velocidad es una vocación, y cómo conseguir ese impulso es un compromiso de toda una vida.

Los foils son un sistema antiguo pero renovado. Las aletas bajadas que cortan el agua para rectificar el barco y disminuir el contacto con el agua, aletas que permiten volar sobre la superficie del mar. La velocidad alcanza ahora los 30 nudos, el casco derecho sube un par de metros mientras gira, el trimarán se dirige hacia el noreste, busca una corriente de aire. El foque se hincha y mientras el viento está a quince nudos, los marineros aprovechan el viento que empuja el barco más rápido del mundo para que puedas saborear tu potencia. El viento que precede al viento, sin necesidad de sistemas meteorológicos para buscar el mejor.

El marinero se sienta en el timón, su mano izquierda sigue el viento, el sonido, la velocidad, mientras la derecha roza el timón de elevada sensibilidad, equipado con seis sensores que los ingenieros de Maserati han instalado para que esta catedral sobre el agua sea aún más expresiva.

El sistema híbrido tampoco se ha inventado hoy —el primer vehículo híbrido se remonta a 1899— y a pesar de todo,  es hoy cuando, como el foil, ha sido perfeccionado y se ha liberado todo su potencial. La tecnología híbrida de Maserati es una patente del departamento de investigación: como en el trimarán, la sensación predominante es el flujo de energía gastada y ahorrada, en un equilibrio constante entre tecnología y naturaleza. Bajas la ventana y notas el aire que lleva la resina de los alerces hasta tu nariz y tus mejillas para después desaparecer rápidamente, para siempre.