Fondo azul y violeta Fondo azul y violeta

Mirándolo distraído, el desierto parece el final de un proceso milenario. Restos de rocas cósmicas, separadas por el tiempo y por la erosión de una cadena de momentos infinita, que se han hecho cada vez más pequeñas y bailan a merced del viento que levanta los granos hacia el cielo. La orogénesis se detiene y su belleza elegante y peligrosa llega al final.

Pero esta mañana el desierto tiene un aspecto diferente. Tiene que ser así. Es el reino de las posibilidades, de las probabilidades: un futuro, no un pasado, formado por las miles y miles de combinaciones posibles de los granos, desplazados por el viento o por la mano del hombre, convertidos en algo nuevo. Un mar de arena entrópico, esperando un gesto, una pista, un impulso para disponerse en un nuevo diseño que tiene significado, geometría y belleza.

Levante Hybrid no teme los diez o quince metros de diferencia en la altura de las dunas que se levantan impredecibles aquí y allá. En tonos de azul sobre ocre, el motor parece cobrar vida, gruñendo, como un atleta realizando el máximo esfuerzo, como un animal que iguala las dificultades de la naturaleza y las supera. Desde dentro, parece estar en un transatlántico. Se extiende y picotea siguiendo la forma de suaves e ilimitadas superficies gaussianas, y en el vértice de una duna decido mirar atrás.

Ahora sale el sol y su luz horizontal cruza la arena que se levanta de los neumáticos traseros. Aquí está el diseño, una espiral dorada que sube de la arena y pasa por los círculos, y veo formas que son belleza pura, una obra maestra de la caligrafía como la del país que nos acoge. En este momento, miles de partículas suspendidas parecen haber encontrado su lugar exacto: una nueva armonía. Un mandala de belleza y potencia.

Capturo la imagen antes de que desaparezca un instante después. Lo que da luz al significado. Miro hacia delante y en la línea del horizonte veo una oscura cúpula redondeada que emerge. Se eleva lentamente y si no fuera porque el sol ahora es redondo, pensaría que se trata de otra estrella que saluda al mundo.

Más al este, otra cúpula emerge y juntas suben lentamente, llegan al sol y lo cubren como un eclipse de tecnología y helio. Dos globos de aire caliente con la potencia del cosmos y nuestro Levante. Todo parece girar, desplazarse hacia una dirección concreta, describiendo órbitas perfectas.

Aquí, en el mundo, esta mañana existe solo la fuerza completa de la naturaleza y dos maneras de cruzar el espacio. Un baile de tecnologías por encima de la línea curvada de la Tierra, que a su vez también se despierta con un aspecto joven, bello e inmaculado.

Maserati Levante sobre la nieve