Giovanni Soldini se ríe con ganas, abiertamente, como una explosión que, sin embargo, con rapidez deja paso a la seriedad. Las uñas cortas y las manos fuertes de quien depende de su propia fuerza, un cigarrillo en la boca y un espíritu rebelde que se condensa en un pendiente en el lóbulo izquierdo.

Al mirarlo, uno ve de repente a los piratas de su niñez, entiende los rasgos exagerados de las historias de aventuras que consagran y otorgan profundidad a una misión, un cuerpo, una responsabilidad: ser capitán, ser un lobo de mar. Todo esto se te ocurre en cuanto el marinero comienza a dar órdenes.

Este viaje es uno, un periplo en busca de la velocidad, la tecnología, la energía que se libera y fluye de la Naturaleza como una aguja por una tela, o un delfín en el Mediterráneo. Y a pesar de todo, el ser humano es más antiguo que las máquinas de tierra o de agua que construye: el ser humano es una maravillosa tecnología que tiene 300.000 años, y que solo con el uso de la imaginación puede hibridar el espacio y el tiempo. Que solo con el esfuerzo del conocimiento percibe la relación íntima entre las cosas.

Y a pesar de todo, lo que tienes que hacer antes de la salida es imaginarte más allá: ser híbrido, convertirte en una costa, devenir un punto de encuentro de los elementos que se mueven de manera constante y se desequilibran hacia el mar y hacia la tierra. Y ser todo esto al mismo tiempo.

Bien, ahora imagina que el marinero elige al mismo tiempo la tierra y el mar, y después parte. Imagínate que vas con él.