Los conductores y los esquiadores hablan el mismo idioma. Desde un punto de vista semántico o físico, no hay ninguna diferencia en cómo contemplan la colina que están a punto de atravesar. Sonríen, imitando el movimiento de la curva: al final, los cielos y el motor son solo maneras diferentes de acceder a la velocidad, de aumentar la emoción de sentirse vivo. 

El conductor y el esquiador dejan de hablar y el sonido del aire es lo único que llena el paisaje. Como la calma antes de la guerra, o un cortejo. Un duelo bajo el sol. 

Ahora sígueme a un lado, deja que Giorgio Rocca se ciña las botas de esquí, y el conductor, en el coche, se abroche el cinturón. Sígueme a un lado donde un snowcat espera: estás a punto de ver el baile desde el corazón mismo del movimiento. 

El motor ruge, Roca cierra el casco: estate atento y olvídate de mi voz. 

Lo que impulsa a un esquiador es la gravedad, a un Levante, el motor V8 con 580 caballos de potencia. Pero la manera como usan la energía y liberan la belleza se compone de los mismos elementos: la trayectoria adecuada, la perfección de las fuerzas que doman la inercia y cambian el curso de las cosas. Después de la línea de salida, el suelo del valle parece desplazarse hacia ti cada vez más rápido, pero a medida que Rocca aumenta su velocidad y el Levante las revoluciones del motor, notas que la brisa en tu cabello se vuelve viento y el viento se transforma en temporal. El paisaje es tan blanco y el cielo está tan limpio que podrías ver cómo se inclina el mundo.

El hombre y el coche bajan la montaña uno después del otro, como un poema escrito en la nieve, versos que hablan de ligamentos y dirección, cuádriceps y válvulas, vida y tecnología conversando una con otra, imitándose y seduciéndose mutuamente. Estás aquí, en mitad de esa poesía, como un explorador que siempre contará la historia de un espectáculo digno de una vida: un hombre sobre la nieve y un coche que puede jugar como un hombre, un diálogo entre dioses ilegítimos, hecho de sangre y gasolina, de hierro y carne, de vientos y respiración. El snowcat persigue los fuegos artificiales de cristales disparados en el cielo en cada giro y el equilibrio que percibes procede de la sincronía de unos movimientos perfectos.

Todo dura menos de un minuto, pero quien diga que la perfección es por naturaleza breve llevaba razón: es intensa y el hombre no puede soportar tanta potencia durante mucho tiempo. Ni un campeón del mundo podría, ni tú, con los ojos llenos de tanta belleza. Un coche podría, pero sin una persona un coche es como un corazón sin latido.

Cuando sales del snowcat, giras y miras hacia donde comenzó tu viaje. Lees el poema que acabas de escribir y estás convencido de haberlo acabado.